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Qué cámara comprar o el síndrome QCMC.

Qué cámara comprar
Desde el principio de mis andaduras como fotógrafo he perdido la cuenta de las veces que me han preguntado lo mismo. ¿Qué cámara me debo comprar?.
Yo lo llamo el “síndrome QCMC”. La gente, consciente de tus conocimientos fotográficos se acerca sigilosamente y te pregunta:
-Oye, estoy pensando comprarme una cámara…creo que una réflex da más calidad…no se qué hacer…¿qué me compro?
A partir de ahora lo tengo claro, les diré :
-¡Mírate la entrada de mi blog!
Bromas aparte. Disfruto ayudando a la gente, me encanta que me lo pregunten.
Voy a intentar aportar algo de luz, con las recomendaciones que suelo hacer de manera habitual a la gente que se acerca a mi con este problema.La decisión no és fácil. En un mercado saturado de marcas, megapixels, modelos y leyendas urbanas es normal que la gente ande perdida. Para empezar debemos hacernos dos preguntas fundamentales:

-Presupuesto. ¿Cuánto estoy dispuesto a gastarme?.
Una cámara cara no nos garantiza siempre los mejores resultados. La cámara, por sí sola, no hace fotografías. Es la persona que está tras el visor la que marca la diferencia.
De nada nos sirve un equipo carísimo si no vamos a saber sacarle todo el potencial al mismo.
Debemos establecer un rango con el máximo y mínimo a gastar. Es de sentido común pensar que el modelo más caro, dentro de cada gama, puede corresponderse con la teconología más alta del momento.
La brutal competencia entre las marcas y el propio mercado han creado una peligrosa espiral que nos hace pensar que un equipo perfecto a dia de hoy, dentro de un par de años quedará desfasado, si no obsoleto. Cualquier réflex, por ejemplo, de gama baja a día de hoy, le puede sacar los colores a equipos de gama media de hace dos o tres años y a muchas profesionales de hace no tanto… La evolución es imparable y no sabemos dónde estará el límite.
Es, por lo tanto, un factor importante, sobre todo de cara a la duración en el tiempo del equipo en el que invirtamos. Os recomiendo acudir a tiendas especializadas. Hay una notable diferencia con grandes superficies en las que, con todos mis respetos, la mayoría de las veces nos encontramos con personal para nada cualificado y que acaba diciéndonos…esto es lo mejor, yo tengo uno igual…Un vendedor formado, apasionado de la fotografía sin duda va a ayudarte a elegir lo que realmente necesitas.

-Necesidades reales. ¿Cuándo voy a utilizar la cámara y para qué?.
Podemos categorizar, de manera básica, los diferentes tipos de cámaras fotográficas que puedes encontrar en el mercado, a grosso modo: compactas y réflex (DSLR). Entre ambas se sitúan compactas con objetivos no intercambiables (semireflex) y hace unos años también entraron en escena las cámaras sin espejo, con objetivos intercambiables y sin visor óptico (DSLM).
Una de las leyendas urbanas fotográficas más recurrentes de todos los tiempos es que una reflex “hace mejores fotos”. Si eres de los que piensa así, verdaderamente, te equivocas.
Lo importante es tener claro los pros y los contras de cada sistema.
Las reflex a priori, parecen los mejores equipos. En fotografía digital tiene mucha importancia la óptica que utilicemos, pero también el sensor de nuestra cámara es determinante. Aquí es donde debemos pararnos a pensar en la practicidad del equipo. Podemos encontrar cámaras compactas de gama media o alta con características muy próximas a réflex de gama media, con la posibilidad de uso manual y disparo en RAW, con la ventaja de la disminución de volumen, que las hacen más llevaderas para un uso más generalizado.
Es cuestión de pararse a pensar y ver si nos interesa cargar con una pesada mochila con objetivos y demás accesorios cuando queramos fotografiar en determinadas situaciones.
Además, la fotografía digital llevada a un nivel aficionado algo más avanzado o profesional implica edición. Afortunadamente, con los programas de edición fotográfica, ahora tenemos el control absoluto para el tratamiento digital de la imagen, pudiendo variar la exposición, recuperar información y hasta variar el balance de blancos. El inconveniente está en que supone una inversión considerable de tiempo delante del ordenador para obtener resultados adecuados.
Para salir de vacaciones y traernos “fotos bonitas” hay compactas con buen zoom, con multitud de automatismos, con las que no tendremos que preocuparnos de apretar el disparador y poco más.

-Formación o experiencia que podamos tener. Debe existir una progresión natural a la hora de decidirse por una tipología de cámara.  Para adquirir una reflex debemos tener un mínimo de conocimientos fotográficos sin los cuales no podremos sacarle todo el partido, por lo que será un dinero mal gastado. De nada sirve comprar una réflex para tirar en Jpeg en modo “P”. No quiero decir con esto que tengas que estudiar un módulo de fotografía para disparar con una réflex, simplemente leyendo el manual, cámara en mano y probando en casa haremos grandes avances. Dispara sin miedo, haz pruebas, la era digital llegó y atrás quedaron los tiempos del carrete y el revelado en la tienda de la esquina.

-Marca.. Hasta hace no mucho mi respuesta ante esta pregunta se resolvía rápidamente: Canon o Nikon. Su presencia en el mercado y dominancia suprema como marcas generalistas han marcado el devenir de la evolución de la fotografía digital. O eras de Canon o de Nikon, no había más. Sin embargo, la tendencia está cambiando. Han entrado en juego las cámaras sin espejo y hay marcas como Sony o Fuji, que están apostando firmemente en su desarrollo, rompiendo la hegemonía reinante, incluso a nivel profesional.
Desde que empecé a estudiar aposté por Nikon, por su manejo más intuitivo, para mí y porque me encontraba muy a gusto con ella entre las manos. Por lo tanto era fácil recomendar a quién me preguntaba por una marca en concreto, sin tener patrocinio por su parte. Mi consejo es que compares in situ, con la cámara en la mano, comparando y elijas aquella con la que más cómodo te encuentres, por encima de referencias directas.

Como conclusión, sensatez ante todo. Hay que identificar nuestras necesidades, ser realista con nuestras propias capacidades y ser práctico. Definir claramente estas premisas pueden hacer que disfrutemos durante mucho tiempo de un equipo o que acabemos malvendiéndolo porque resulta que nos supone un incordio cada vez que vamos de vacaciones o nos resulta imposible obtener el resultado que esperamos.

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